Prólogo
Leonardo Quattrucci y Marcus Alburez · Cofundadores del LADP
La geopolítica está reconfigurando la geografía de la innovación. En 2025, los países compiten por la superioridad tecnológica y vuelven a dividir el mundo en esferas de influencia. En cierto sentido, la década de 2020 es la nueva década de 1970. Las naciones han recuperado los objetivos de la Guerra Fría: superar a sus rivales apropiándose de los recursos necesarios para desarrollar tecnologías críticas con autonomía estratégica.
Existen, no obstante, diferencias significativas entre el presente y la era de la Guerra Fría. Primero, el conjunto de tecnologías consideradas críticas para los intereses nacionales es más amplio y profundo, y abarca desde la inteligencia artificial avanzada hasta las tecnologías cuánticas y las biotecnologías.
Segundo, la cadena de suministro necesaria para construir estas tecnologías es inherentemente global. Las estrategias proteccionistas para relocalizar la producción chocan con la naturaleza en red de la innovación. Hoy, "ningún país puede fabricar un iPhone por sí solo", como lo expresó el economista Eric Beinhocker. Deep Tech eleva la barrera aún más, dada la complejidad y la distribución de los insumos que requiere, desde minerales raros hasta mano de obra calificada.
Por último, con el debilitamiento de las alianzas tradicionales, la carrera global por la competitividad la disputan más jugadores con sus propios intereses. El mundo de hoy tiene más de dos polos de influencia. Estas nuevas geometrías de poder dejan espacio para que nuevos actores se afirmen en el escenario global. América Latina es uno de ellos.
América Latina tiene los recursos para pasar de ser un campo de batalla para la apropiación tecnológica a un actor estratégico en la geopolítica impulsada por la tecnología.
América Latina ha tenido tradicionalmente un rol pasivo en el desarrollo de la industria tecnológica global. Ha comerciado con déficit frente a socios más grandes, ofreciendo talento, recursos y oportunidades de mercado a descuento, un efecto ampliamente conocido como el "Descuento Latinoamericano". Es una función de la fragilidad institucional de cada país de la región y de su fragmentación, que le impide aprovechar su tamaño y sus ventajas competitivas como bloque. Los inversores extranjeros no pueden valorar las oportunidades a su valor real cuando el contexto está plagado de reglas inciertas, corrupción frecuente y una insuficiente mitigación pública del riesgo en los mercados emergentes.
Sin embargo, los cambios actuales en la geopolítica pueden desplazar la posición de América Latina de vasallo de Deep Tech a bastión. Esa es la tesis detrás del Latin American Dynamism Project: acelerar el desarrollo y la inversión en tecnologías de frontera en América Latina. La región alberga el 42% de la biodiversidad mundial; controla el triángulo del litio, que contiene el 58% de las reservas globales; cuenta con un enorme potencial de energía limpia, clave para escalar industrias intensivas en cómputo, y se beneficia de una pujante tendencia de nearshoring. Con un PIB de aproximadamente USD 6 billones, casi el doble que el de India pero con apenas la mitad de la población, la región combina la escala de un gran mercado con una amplia disponibilidad para el desarrollo greenfield.
Lo que le falta a América Latina son los efectos de red, en infraestructura, capital y talento humano, que pueden catalizar su potencial hacia la autonomía estratégica, cimentada en la competitividad tecnológica. Materializar ese potencial exigirá una acción coordinada en toda la región: ningún país por sí solo tiene la escala, los recursos y el alcance institucional para competir en la carrera global de Deep Tech. El LADP aborda esta brecha aportando información sin precedentes a quienes toman decisiones en los sectores público y privado.
Este informe muestra a quienes toman decisiones regionales y globales un camino para convertir a LATAM en un actor autónomo y reputado en la carrera global por la competitividad tecnológica.
Este primer informe del LADP revela más que un conjunto de datos sorprendentes que muestran que LATAM ya es un escenario de invenciones pasadas por alto. Muestra a quienes toman decisiones regionales y globales un camino para convertir a LATAM en un actor autónomo y reputado en la carrera global por la competitividad tecnológica. Algunos países, como China, lo entendieron hace tiempo y llevan una década aplicando políticas de apropiación de recursos naturales. Otros, desde países latinoamericanos hasta aliados occidentales tradicionales, han tardado más en advertir el potencial de la región como algo más que la suma de sus partes.
Publicamos estas ideas con la ambición de catalizar conversaciones, comunidades y ecosistemas que aceleren la transición de América Latina de campo de batalla para la apropiación tecnológica a actor estratégico en la geopolítica impulsada por la tecnología.
# Agradecimientos
Este informe fue escrito por Claudio Cifuentes Lobo, Marcus Alburez, Leonardo Quattrucci, Verónica Jijón y Said Saillant, con la orientación editorial esencial de Nick Cohen y Fausto Carbajal Glass. Su experiencia combinada en análisis de datos, política regional y desarrollo de ecosistemas sustenta cada sección de esta publicación. La producción, el diseño, la ciencia de datos y las comunicaciones estuvieron a cargo de Lucía Fenoglio, Solange Rodríguez, Milene Broche, Sebastián Díaz, Agustina Sojit y Marco Tebélan.
Para dar forma a nuestros hallazgos, conversamos con casi 100 colaboradores y nos asociamos con 17 organizaciones, ejecutivos de capital de riesgo, responsables de políticas públicas y líderes de ecosistemas, que generosamente compartieron su tiempo y perspectivas sinceras. Este informe fue posible gracias a una subvención del International Strategy Forum, fundado por el Dr. Eric Schmidt, exdirector ejecutivo y presidente de Google.